
sábado 20 de febrero de 2010
Aforismos sobre el lenguaje

martes 17 de noviembre de 2009
5 zigzagueos
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viernes 30 de octubre de 2009
Ramplonería
Compremos chocolates, de aquellos que vienen en cajas en forma de corazón: comámoslos, atragantémonos, que el día de los eternos enamorados solo dura veinticuatro horas. No me importa que después tenga que vomitar la dopamina. Vayamos al cine y observemos como se hace para gastar cantidades estúpidas de dinero proyectando alguna historia de amor, de esas que anhelamos todo el tiempo y que sabemos no nos pueden pasar; mucho menos en un par de horas. Regálame flores; cómprame un arreglo lindo y costoso que me diga cuánto me amas. Cenemos pasta, hagámonos los italianos; bebamos vino barato mientras sorbemos spaghetti. Abrázame pretendiendo que esta noche no quieres llevarme a la cama, eso me excita más y tú sin saberlo. Finge que me escuchas en la mesa, entre luces de velas, mientras piensas en el fútbol. Compra una tarjeta, de aquellas que tienen musiquita cuando una las abre, ahórrate la osadía de pensar en un verso y solo firma con un te amo. ¿Has visto los peluches esos enormes con cara de ternurita? Quería uno de esos.
Y tú que no entiendes nada del amor en las mujeres, o en mí. Pudiste haberme llevado con los italianos, embutirme de palomitas, mandarme un ramo; pudiste haber gastado cinco humildes pesos en una mugrosa tarjetita, sin música, ni hablar. San Valentín debió haber sido un tipo con dinero, de esos que saben hacer negocios, que saben aprovechar las oportunidades cuando otros no las pueden ver. Tú no entiendes nada de San Valentín, mira que decirme Quiero casarme contigo no me pasó por la mente mientras me ponía la falda corta de mezclilla, esa que te gusta tanto. ¿Qué voy a hacer con éste anillo? ¿Qué hago con mi libertad? ¿Crees acaso que hay un nervio desde el anular hasta el corazón?
Te dije Mi vida! ¡Por supuesto que quiero casarme contigo! Me acabas de hacer la mujer más feliz del mundo. Por supuesto, era cierto; y más me lo creí cuando noté tu cara de satisfacción y pretendimos compartir esa felicidad. Saltaste del sillón en la casa de tus padres, apagaste la radio y me propusiste comenzar a hacer planes. Yo te escuché, a medias, no se por qué demonios no podía dejar de pensar qué bonito se hubiera visto el peluche gigante en la repisa de mi cuarto.
jueves 24 de septiembre de 2009
Aforismos III
jueves 2 de julio de 2009
Trío (segunda parte).
Sigue. Reconstruye lo escrito. Arma de nuevo lo establecido. Redefine los pasos del manual. Recolecta hombres. Crea una secta. Reduce la sobrepoblación. Haz de cantinero. Mueca. Haz una enorme y desagradable mueca. Tuerce los labios. Haz tu trabajo. El caos mantiene el orden. Caos. Orden. Caos. Orden. Carden. Anda, sigue. Jódetelo, que te gusta. Llora. Guarda un minuto de silencio por tu trabajo. Ya. Sigue. Deconstruye. Construye. Muérete. Y se mueren otros, muchos, pero no yo:
Es ritualístico. Inevitable. Llego tarde. No le importará. Mientras a Él el tiempo le da menos (Él es el tiempo), a mí me apresura a cada momento. Es mi trabajo. Estaríamos solos, eso dijo. No estoy del humor adecuado, pero ya lo dije, es inevitable. Se me toma a broma, a veces. Se me toma muy en serio, a veces. Algunos argumentan vivir toda su vida bajo mi yugo. Me río de ellos. No es su vida. No me mal interpreten: tampoco es mía. Ojalá. Se han perdido entre tantos adjetivos de pertenencia, posesión, tenencia. No existe. ¿Creerán que yo digo “tomaré ahora esta vida que me pertenece”? Sería absurdo. Sólo hago las cosas que debo hacer. Fluyo. ¿Qué relación hay entre la tenencia y el fluido? Yo no poseo: degluto. Él ya estaba ahí, esperando. Nos saludamos con una mueca. No es que no disfrute mi trabajo: sólo se ha vuelto monótono. La habitualidad aburre por sí misma, sobre todo cuando puedes medir el tiempo: una maldición. Pero esta vez es una de esas ocasiones paranormales: tenemos público. Así que poso. Le enseño mi marca, Él hace lo mismo. Lo disfruto. Me olvido de lo ritualístico y comprendo que una de tantas puedo darme el lujo de pretender. Me vengo en mi boca. No me importa qué le pase a Él: hoy soy yo la estrella y nada más. Después jugaremos poker, rayaremos las paredes y nos iremos a casa. Y yo tendré la satisfacción intacta, aquella que me otorga mi inherente naturaleza exhibicionista.
viernes 5 de junio de 2009
Trío (primera parte).
Adelante. Escribe algo. Revive al mundo. Organiza una revuelta. Ilumina la vida de algún incauto. Espanta mujeres. Reduce los índices de muerte. Gánate los tragos gratis. Sonríe. Ponte la ropa ajustada. Finge condescendencia. Aprende a amar. Anda. Escribe algo y deja que fluya esa viscosidad que aprieta el alma. Sanar escribe, o viceversa. Rodear sana. Sana. Sana. Compra papel reciclado. Recíclalo otra vez. Pero no lo uses. Anda. Escribe. Como quien no tiene algo que hacer. Invéntate un don. Actúa extraño. Adquiere una caja de amigos. Escucha, pero no con cuidado. Llena el vaso. Apunta, divaga, escribe. Y escribo, pues:
Veo a un par de gentes. O recuerdo haber visto un par de gentes. No sabría decir si eran hombres o mujeres, u hombre y mujer. Lo que sí puedo decir es que parecían encaramados, con algo entre manos; manejándose con un lenguaje que parecía sólo ellos podían entender. Comenzaron a abofetearse, uno a uno, y lanzaban unas carcajadas enormes, como quien disfruta el dolor, justo después de cada golpe. Y se iban hacia atrás. Caían no por el impacto, sino por la risa. Terminaban exhaustos en su respiración, se acomodaban y tiraban el siguiente golpe. Y volvían a reír. Y hacían esto una y otra vez, con la motivación intacta.
No sé qué hacían antes o después, pero justo en el momento de postrar la mirada sobre los cuerpos, sabía que estaban haciendo una película pornográfica. No gemían. No cogían. Pero estaba haciendo una porno. Me fijé. Me fijé bien. Cada silueta en la espalda dibujaba un tatuaje. En uno se leía tanatos, en el otro deus. Me encogí de hombros. Viré la vista, hacia un lado y hacia el otro. Nadie más en la habitación. Era parte de un menage a trois del que nunca tuve voluntad. Espectador incauto: nuestro destino está enmarcado bajo la premisa de un orgasmo, en un abandonado cuarto, filmando una porno. Válgame.
miércoles 3 de junio de 2009
Ondas Beta

martes 21 de abril de 2009
Él: Luis Buñuel y la trasgresión psicológica del cine.
sábado 18 de abril de 2009
Sperare (n definiciones y un problema sobre la Esperanza)
Es mirar (de reojo) durante un tiempo (casi) indefinido aquella puerta tuya, imaginando alguien llame o entre por ahí: cinco, diez, veinte, cuarenta minutos. Lo piensas bien, cuando te descubres: no habría motivos, pero lo esperas aún.
Es caminar (flotar) por la calle sin un céntimo, teniendo la mirada bien abajo, soñando en lo que harías de encontrarte una liga con dineros. Haces una vida en un par de cuadras y nada pasa: ni la liga, ni los planes, ni la vida.
Es el breve y casi espía hervidero dionisiaco, expecting for something else: algo extraordinario, algo que te saque de lo mundano, algo habitual que deje de serlo tan sólo por un instante; no sabes qué exactamente, pero la sangre quema a borbotones.
[¿Y qué harías si llamasen a la puerta? ¿Qué harías con los dineros? ¿Qué harías con la calma recorriéndote sempiterna por la piel?]
viernes 10 de abril de 2009
Aforismos II
13. Nietzsche escribió "no encuentro la diferencia entre las lágrimas y la música...". Yo tampoco. Aún hoy, las piezas efímeras me hacen llorar, aunque fuera por vergüenza. Eso no me hace un Nietzsche; dios me libre.
14. El mundo existe. Al menos eso me han dicho.
15. Hablar o escribir en retrospectiva es lo más sencillo. Por ello los videntes son de admirar.

16. Hay una motivación oculta en el ejercicio del ateísmo, una motivación vergonzosa, incluso en el agnostisismo: la envidia.
17. La hay también -una motivación oculta- en el rechazo hacia lo mundano. Por ello son de admirar ciertas pautas del budismo. O, en su defecto, las cabezas de los regímenes autoritarios.
18. Me parece sospechoso que el amor haya sido una temática central en la historia de la humanidad. Viéndolo en retrospectiva (una lástima que no soy vidente), o es un error que viene incluido en el paquete personalizado de la conciencia de sí mismo, o es el acierto* más grande de la naturaleza desde el diluvio universal.
19. Es aterrador el número de personas en el mundo. Encuentro pocas imágenes más terroríficas que una maquiladora china, una ensambladora japonesa, un baile popular.
20. El lenguaje, que en un principio se erigió como un timidísimo orden, terminará colapsando. Ahí el terror por la muchedumbre.
21. Por momentos estoy seguro que la psicoterapia debería desaparecer. Bastaría con abrir más cafeterías.
22. Hace unos veinte años, resultaba extrañísimo comprar una botella con agua purificada; era tan fácil como abrir el grifo y beber cabalmente. En unos veinte años más, los inhaladores y las mascarillas de oxígeno serán tan habituales como las botellas con agua hoy día.
*'Acierto' no tiene nada que ver con 'positivo' en términos humanos.
viernes 20 de marzo de 2009
Confesión II
Te huyo y me persigo cuando no me ves; cuando no me notas. Siquiera me sospechas: un anhelo temeroso, un sueño al despertar: perfecta partícula sin cabida en el espacio.
En los días me pinto de seda, deseando los gusanos se queden por ahí, sacudiéndome los poros: arrastres todos ellos de mis sinsentidos; huellas de mis deshechos, de mis no-hechos.
En las noches me sacudo el malhumor, impetrando las sonrisas se me claven en la piel, titilando mis ojos: espejos falsos del alma: ¿qué alma?, ¿la tuya?, ¿la mía?, ¿la nuestra? ¿El Alma?
Y sueño después. En esas cosas donde no importa qué suceda, ni con quién, ni cómo, pero que provocan pesadumbre al despertar. Y te busco. Y te hablo, que no es lo mismo que encontrarte. Y te digo. No respondes nada, pero no estoy seguro. Clic-clic y una notificación que debiera apaciguar mis ansias. Y nada. Clic-clic mi alma, clic-clic y nada. Tic-tac y nada.
¿Qué remedio? ¿Qué? Me obsesiona la idea de la belleza honesta. ‘Honesta’ querrá decir imperecedera. No la conozco. Tic-tac y la ignorancia, y el alma, y el pan, y la derrota; tic-tac y me empalo en una estación del tiempo. Así que sólo me persigo, hacia atrás que no adelante; porque sólo ahí sé dónde encontrarme. La paradoja. Me como las ansias. Clic-clic y mueren. Un amor analógico. Un amor digital. Un amor globalizado. Que no universal. Ojalá.
lunes 16 de marzo de 2009
La plaza y un ridículo animal

Logras al fin percibir la causa de su aparente impericia: plumas. El reptil tiene plumas, y le quedan grandes. Hubieras esperado que -de tan sólo haberlo imaginado, en sueños, o dibujado en un libro de texto, cuando niño- las plumas en una serpiente fueran pequeñas, ajustadas; que parecieran más un pelaje fino y no la aberración irrisible que ves justo ahora. Crees por un instante -de nuevo- que tu teoría mercadológica tiene sentido: alguien le ha pegado plumas de paloma a esta víbora y va a hacer dinero con ella. Pero no. Las plumas le nacen desde adentro, demasiado grandes como para dejarla arrastrarse con comodidad. No sabes qué hacer, atónito. Escuchas pasos veloces que se acercan, desde arriba. Entonces esperas que algo extraordinario suceda: que el seseo de la serpiente se convierta en mandato divino, en lengua de tus antepasados; que de sus costados emerjan mágicamente un par de alas, te pase por encima e ilumine el cielo mientras todos esos perdedores, afuera, observan atolondrados; que el reptil se vaya encendiendo, infinitamente hasta instalarse en su lugar en el cielo, haciéndose de Venus; que se yerga con apenas la cola doblada, te mire a los ojos y te herede sus secretos; que se mueva siquiera; ¡que al menos su serpenteo no se mire ridículo! Pero no sucede nada; eso y te atrapan al fin. Y te sacan de ahí, arrepentido.lunes 5 de enero de 2009
El archipiélago B.
I. Sobre la naturaleza de las islas.

Escribir sobre la literatura de Borges (Buenos Aires, 1899 – Ginebra, 1986) es hacer lo perpetuo, lo repetido, lo eterno: no importa cuántas veces ni cuantos escritores hayan hablado sobre él con anterioridad; nunca será suficiente. Se puede escribir acerca de su poesía (espléndida), o de su ejercicio ensayístico (infatigable), o de su narrativa (extraordinaria), o de su aportación literaria al mundo (incuantificable, latente aún), y los métodos de abstracción para con su obra serán siempre insuficientes. Los cuentos de B tienden hacia lo infinito, no por su duración o su alcance de perpetuidad en el inconsciente colectivo, sino por esa extraña -y dificilísima- mezcla que resultan sus narraciones: universalidad, modernidad, clasicismo, simbolismo, misterio, metafísica; pero sobre todo filosofía. Los cuentos Borgianos pueden parecer eruditos -y en cierta medida, lo son-, pero también lo son sencillos, simplistas: la filosofía es el puente entre las obsesiones de B y el lector, cualquiera que sea. El andamiaje del lector pudiera parecer insuficiente para comprender un cuento de B, pero siempre habrá un ovillo para regresar al inicio, dejado ahí casi accidentalmente; no, dejado ahí evolutivamente, filosóficamente. ¿B elitista? No, B prehispánico, B babilónico, B evangélico, B escandinavo, B nacionalista, B griego, B invidente. Las islas que componen el conjunto B emergen de todos los mares y de ninguno, tocan todos los océanos y ninguno, navegan a la deriva y siguen anclados a tierra firme. Cuestionar la naturaleza de B como un producto latinoamericano es irrisible; cuestionar la omnipresencia de sus islas resulta absurdo.
II. Los desiertos y los laberintos (flotantes).
Para comprender la concepción que B tiene acerca del hombre es imprescindible remitirnos al desierto: aquél lugar en donde la nada habita cada recoveco, donde no hay una sola puerta y sin embargo no hay salida, donde el hombre -desafortunado en un inicio, agraciado al final- se encuentra con nadie excepto él mismo: el desierto que es el más temible de los laberintos. Así, tenemos que en la Isla Griega del Archipiélago B vive Asterión, que ante sus circunstancias tiene que inventarse el juego del doble (probablemente como lo hicieron los hombres primitivos ante sus miedos instintivos, después de la caza y las necesidades satisfechas, creando casi accidentalmente el concepto abstracto del Alma); que prefiere mezclarse con él mismo ante el rechazo de la grey; que prefiere esperar (sin saber quién o cómo luce) por su redentor; que prefiere creer que libera de todo mal a los hombres que fungen como su alimento.
En el archipiélago B se ubica también la Isla Azteca, presidida por un tal Tzinacán, que puesto en un laberinto mucho más pequeño que su homónimo minotauro trata de desenmarañar la esencia de la vida; la palabra divina que lo conecte con el Dios; el patrón indescifrable que le otorgue vida eterna; poco importa si eso lo salvará de las torturas por un absurdo tesoro, o si los usurpadores se marcharán después de enterarse que él y sólo él posee el secreto.
Tzinacán y Asterión viven en el mismo archipiélago, pero no lo saben. Sospechan uno del otro, apenas con el rabillo del pensamiento, pero son hermanos. Transitan territorios semejantes. Uno corre furiosamente por entre aljibes y bifurcaciones interminables; otro yace los años entre la oscuridad y piedra húmeda; uno se construye un espejo amable, curioso; otro es encerrado con un reflejo animal, con fauces y rayas en el cuerpo; uno espera el glorioso día en el que salga para siempre de ahí; el otro también, aunque apetezca no importarle. Y es que la disposición de los espacios en el conjunto B pareciera aleatoria, pero no lo es. Algunos sospechan que son catorce islas; alguna de ellas con catorce puertas y aljibes; otra con catorce palabras de libertad; alguien dijo haber visto una isla hexagonal, con pisos por lo alto y por lo bajo y por los lados, interminables, cual panal infinito con miel de letras. Algunos aventurados creen que lo que ha mantenido a Asterión y a Tzinacán infinitamente en las islas es la promesa de probar alguna vez aquella dulce -y fatal- miel contenida en el panal inconmensurable de libros contenido en una isla vecina.
III. Sobre las exactas matemáticas en el archipiélago B.
Hay también, no menos importante, una Isla Babilónica (vecina contigua de la Isla Azteca y la Isla Griega). En ésta se juega a los números y se concentran todas las letras habidas y por haber en el conjunto de catorce piezas (catorce islas que no son catorce, sino infinitas). En la Isla Babilónica las probabilidades de que suceda cualquier cosa son infinitas, y se ha estructurado tanto el juego y las apuestas por lo acontecido y lo por acontecer que nadie distingue ahora entre las probabilidades y el destino. Porque hay, en esta Isla, gente, mucha; un poco contrario a lo que sucede en las dos islas anteriores. Aquí está el panal, y los libros, y las letras, y las probabilidades de construcción literaria infinitas -y absurdas. Se hace notar que aquí, en esta isla, también el panal es laberinto. Y también que a pesar de la exactitud de las matemáticas reinantes -e infatigablemente trabajadas- la resignación es inminente, o necesaria. Por eso B prefiere al catorce que al infinito. Y no es que lo prefiera por gusto, sino por sustitución. Catorce islas. Catorce laberintos. Catorce libros. Catorce palabras. Catorce aljibes. Catorce bifurcaciones. Catorce B.
Cuentan quiénes dicen saber, que el origen de la infinitud en el Archipiélago B se debe al encuentro accidental entre dos sietes de frente y opuestos. En algunos lugares distantes al Conjunto B (pero no tanto) llaman a este encuentro la ‘cinta de Moebius’; en otros lo llamaron ‘reloj de arena’; en otros ‘relación especular’. De todos los que dicen saber esto, nadie ha hecho cuentas.
IV. Las islas que se sueñan a sí mismas
Es probable que los visitantes del archipiélago hayan visto en todos los recintos dos espejos de frente, encontrados; en cada casa, en cada templo, en todas las bibliotecas y panales, en cada tigre. Es probable que cada isla sueñe cada noche en un sueño recurrente: el de soñar consigo misma. Es probable que los habitantes del Conjunto B hagan lo mismo, incluso mientras se miran en el espejo. Pero ya lo dijimos, las probabilidades en estos parajes son infinitas.
Imagino a B tras varias noches sin dormir, sabedor de sus proyectos en vía de construcción, mirándose al espejo cansado de sí mismo. Hasta que un día ya no puede más; ya no hay reflejo del otro lado. El B ciego (la Isla Invidente) dejó de necesitar espejos hace tiempo: B sabe que el espejo es la materialización del concepto; un accidente casual de la abstracción que tanto le quitaba el sueño. Imagino a B a punto de dormir, preparando el reloj de arena para que su sueño sea exacto (infinito) y entonces pueda construir catorce personajes; decidir el camino (in)correcto en catorce bifurcaciones; pronunciar catorce ínfimas palabras con cuarenta cortas sílabas que le impidan despertar para siempre. Imagino a B aprendiendo a contar las arenas en su reloj; deteniéndose en cada una de ellas, alargando sinuosamente cada instante en su caída.
B procuró ser muchos hombres (ya es muchas islas), y para concretar su cometido tuvo que haberse soñado muchas veces en cada uno de los hombres que deseo ser. Es una tarea difícil, casi imposible. B, como Aristóteles, cree en el arjé; Aristóteles no sabía exactamente en dónde encontrarlo; B parece obsesionado con encontrarlo en el sueño. Y quizá no se equivocaba. Pero eso no es lo que le preocupa a B; le preocupa en realidad que sus obras, sus obsesiones, sus confusiones se relacionen más con la ciencia que con el arte. Quizá B, de entre todos sus sueños como otros hombres (otras islas) nunca se soñó como hombre de ciencia.
V. n Espacios, n Tiempos, n Libros, n Islas, n…
En la serie infinita 1, 4, 9, ..., en la que el término n-ésimo, an, es igual a n2, donde n = 1, 2, 3, ..., se dice que an tiende a infinito cuando n tiende a infinito, lo que significa que an es mayor que un cierto número arbitrario si n es mayor que determinado valor. Esto es cierto sólo en cierta medida, es decir, dependiendo del número creciente de Islas en el Archipiélago cada Isla siempre tenderá al Infinito, o lo que es lo mismo: el Archipiélago B se hará más infinito (si caso fuere posible) a medida que sus Islas (en conjunto seriado creciente) tiendan al infinito. En caso de que las Islas descubrieran por sí mismas su valor determinado y concreto, el Archipiélago B se colapsaría irremediablemente quedando varado en un limbo que tiende a lo concreto.
Cosa similar pasa con los conceptos de B: a medida que el número de libros en una biblioteca (total, en la Isla Babilónica) vayan creciendo, las probabilidades de la infinitud irán en aumento, no así su contenido; al menos no de manera uniforme. El problema de este asunto no es si el contenido de los libros vaya en aumento o no (de manera legible, comprensible), sino en dilucidar si la biblioteca en sí continúa en aumento o ha dejado de estarlo hace mucho tiempo; o lo que es peor: nunca ha aumentado o disminuido.
Una reflexión (ora literal, ora figurada) similar pasa con los espejos en las casa de los habitantes del Archipiélago B: a medida que el reflejo se refleje en otro espejo, el reflejo inicial volverá a reflejarse en el espejo contrario, devolviéndole el favor; si esto se repite n cantidad de veces, cada espejo y su respectivo e inicial reflejo perderán cada uno su identidad; o lo que es lo mismo, se prolongarán interminablemente entre el tiempo y el espacio.
Por lo anterior se infiere que: el Archipiélago B es n cantidad de Archipiélagos B, cada uno con n cantidad de Islas, que tienen entre sí n cantidad de libros, que cuentan la historia de n cantidad de Asteriones y Tzinacanes, donde cada uno se sueña n cantidad de veces…
VI. Sobre la suma de las Islas del conjunto B (o de la Gestalt B)
Un mapa apócrifo fechado en el siglo pasado mostraba la forma ‘real’ del Archipiélago B: un círculo enorme, casi uniforme; producto de la concatenación de siete islas circulares concéntricas, cada una fracturada en dos partes. En la descripción incluida en el mapa se podía leer: “en este lugar (que no es un archipiélago, sino el universo) el tiempo y el espacio no existen (son infinitos), por lo que se recomienda a los potenciales visitantes del lugar (que no es la suma de sus partes, sino un laberinto) traer consigo el equipamiento mínimo necesario para poder salir con un dejo de razón: esquemas mentales, prejuicios, ignorancia, un librillo de superación personal, preocupación intrínseca por lo material y ojos sanos. En cambio, para los aventurados que estén dispuestos a perderse en estos parajes, sírvanse a traer consigo un reloj de arena, un par de espejos y los ojos bien enfermos.”
Taxi Driver en 4 breves puntos

2. U.S.A., Vietnam y el Watergate. Martin Scorsese encontró la fama y el reconocimiento gracias a Taxi Driver (1976), pero también retrató una realidad ‘alterna’, punzante en el país americano: el síndrome de Vietnam, la caída de los principios hippies, los guiños prematuros del glam en una sociedad desdibujada, buscadora -por enésima vez- de una identidad que de una vez por todas pudiera soportar la carga otorgada por la política global, y la -no menos pesada- vergüenza cultural. Y es que, de entre sus contemporáneos, Scorsese no teme a la represalia, su filme despega justo en el momento indicado: la crisis de identidad, la inestabilidad política y su consecuente corrupción le permitieron, como realizador, jugar con las fibras más sensibles de la nación, hacer un par de trenzas y erguirse victorioso, sabedor no sólo de que comenzaba un despliegue cinematográfico infatigable hasta la fecha: había creado, proyectado, quizá sin quererlo absolutamente, un espejo perfecto, cuasi-calculado a la medida americanizada, el hombre promedio, con un trabajo regular, tras una guerra (ir)regular, con unos sueños regulares. Con Saer de por medio o no, la sociedad recogió con anhelo el detalle.
3. De ese héroe llamado De Niro. Así que el gangster (The Godfather: Part II, 1974) pasa de la mafia a la cotidianidad, cosa extraña, los personajes se concatenan de manera perfecta en una sola cultura subterránea: el crimen. El actor se despliega como un héroe indie, la esperanza última -para el pueblo, la sociedad- de que el sistema termine por joderte de buena manera: no importa que el sistema te empuje hacia el crimen; no importa que el depósito de eso que llamamos sociedad se esté convirtiendo en escusado, al final -héroe trágico, al fin- tus actos serán recordados, reconocidos, premiados; tendrás entonces tu recompensa, aunque a medias: la ciudad no se limpió por completo de toda esa porquería indeseable, en las calles, insoportable, pero al menos tendrás el consuelo de que hiciste bien; que tus impulsos y anhelos como individuo fueron reacomodados de buena manera.
4. El claroscuro viaja en Taxi. Travis Bickle es el personaje tierno, sensible e inocente por antonomasia. Pensemos en esto: sufres insomnio, consecuente probablemente por estrés post traumático de guerra, así que quieres aprovechar el tiempo, hacer las noches desperdiciadas en algo de provecho; terminas en un taxi. Como hijo del sistema no tienes anclas, así que las buscas, tal como lo dictamina el mundo, tus experiencias, tus ojos: un trabajo honrado, la organización, una mujer hermosa, la política emergente, un disco de moda. Pero no lo soportas, no por falta de voluntad sino por incapacidad; así que rechazas -te rechaza- ese mundo luminoso, los colores brillantes, la heroína políticamente correcta, el absolutismo de ‘tener que ser’. Entonces haces un pacto con la noche: el cine porno, una pistola, una venganza, un asesinato que te dé voz, la heroína políticamente incorrecta. Y lo llevas a cabo, al menos lo intentas y algo resulta, aunque no era lo planeado. Pero nadie entiende, carajo: tu no planeabas permanecer aquí para enterarte, y mucho menos para darte cuenta de la confusión idiota que se ha creado alrededor de tus acciones. Entonces duermes quizá, pero siempre con el aura palpitante, la melodía y el presentimiento de que volverá a pasar, de que no perteneces aquí.
29 días

Sobre la utopía mental...
Todo el mundo miente, todo el mundo se va, todo el mundo muere; y lo que jode no es que eso suceda: es la monstruosa utopía detrás de todo aquello.
*Máxima inspirada tras la escucha de Last Flowers, canción interpretada por la banda inglesa Radiohead, en su bonus disc In Rainbows.
sábado 23 de agosto de 2008
Prestidigitación en 9 actos

2. Hay una mujer, y la mujer está sola. No siempre fue así. Había un hombre, y el hombre la abrazaba; entonces el Sol parecía una tierna conciencia celestial y los días pasaban sin recato. Hoy no está ni el hombre ni sus brazos.
3. Hay un hombre, y el hombre llora. No siempre ha sido así. Había una mujer, y la mujer le besaba; entonces la lluvia parecía un alivio y las carcajadas asemejaban una melodía.
4. Hay una mujer, y la mujer llora. No siempre fue así. Había un hombre, y el hombre la escuchaba; entonces el mar parecía sorprendentemente silencioso y las olas asemejaban leves acompañamientos. Hoy no está ni el hombre ni sus ganas de escuchar.
5. El hombre canta. ¿Por qué canta el hombre? ¿De dónde provienen sus deseos de entonar? ¿Qué canta? ¿Cómo hace para repetir sin cansancio el mismo matiz, las mismas notas? El hombre canta, y no revela sus motivos.
6. La mujer sueña. ¿Por qué sueña la mujer? ¿De dónde proviene su materia onírica? ¿Qué sueña? ¿Cómo hace para no cansarse de la misma escena, del mismo sueño? La mujer sueña, y no revela sus motivos.
7. Hay un mago, y el mago perpetra una ilusión. No siempre fue así. Había un mundo, y el mundo era sencillo; entonces las barajas parecían inertes y sus alas asemejaban lánguidos brazos. Hoy el mago ejecuta su ejercicio cúspide.
8. Hay un hombre, y hay una mujer. Siempre ha sido así, sin notarlo voluntariamente. Entonces comienza la prestidigitación: el hombre solo canta una canción, cada día, todos los días; la mujer sola sueña que hay un hombre que canta una canción, cada noche, todas las noches; y el mago truena las alas, se juega las plumas, dibuja un sombrero en el aire con el pico, y presto, espera pacientemente a que el acto culmine, con el perdón de la expectativa del aplauso concupiscente.
9. El mago espera, sabe no es sencillo. El hombre canta, y le mujer sueña; ambos esperando encontrarse justo a la salida del sombrero.
jueves 14 de agosto de 2008
Skinny Arms

I say I am lonely, alone, sleeping above my head.
Old people give advice to me, life-proof sentences,
Who care about it? The boring people, the lonely people.
My soul is running across the window,
Trying to breath some really air, it's choking here inside;
Between painful organs and killer thoughts.
I really hope to believe in destiny: I wish, I should, I must.
So I'm in the back seat, the observer's place;
What can I do to feel, to get some fun?
I collect my veins in a paper-bag, blood is raising my eyes;
I'm thinking about give it to you, it's a fact of love,
The consequence of my spleen, there is no more fact of love than that.
They say you are beautiful and smart,
I say you are small, expecting some arms
To get some heat, maybe my long skinny arms.
Can you feel it?
Providence is around us, stuck on us, sucking on us.
martes 5 de agosto de 2008
Sobre el amor y los géneros: lo más sabio que he leido en meses:
"El amor entre hombres y mujeres es diferente: para ellas el amor es una elección, es una decisión. Pero un romance no excluye un amor consciente (...) Creo que los hombres quieren que el amor les sorprenda, no es algo que queramos planear... sinceramente, el amor nos abochorna, incluso nos entorpece. No importa que sea un medio o un fin, el amor debe ser impuesto".De Reconstrucción, película escrita y dirigida por Christoffer Boe.



